Hace ya unos meses volvía a casa con un sillón de Ikea entre los brazos mientras oía las campanas tocar (era el día que Ratzinger Z salió elegido, aunque no viene a cuento). Ese sillón me lo compré porque, después de todas las visitas del mes de marzo, en mi habitación, sin un colchón y un cuerpo más, se formaba un eco bastante desagradable (o eso me parecía a mi).
Fue un caprichazo tonto, estúpido (cargué con el desde las afueras donde está el Ikea hasta mi casa en el centro por toda la red de metro), pero a mi me hacía feliz, así que, que más daba. Además le daba el remate perfecto a mi habitación, con todos sus pósters estratégicamente colocados, con esas cortinas y colchas (ambas de supermercado) coordinadas, y sus muebles de cinco euros por todos lados. A mí me gustaba así, y el eco parecía haber desaparecido. Hasta hoy.
Hoy he bajado todos los muebles a una especie de cementerio de muebles que tenemos en la primera planta, he tirado las cortinas y he descubierto que tengo 30 kilos de equipaje (más 50 que ya me he enviado por correo) que en la aduana me van a doler como 30 puñaladas.
Y en breve pinto encima de las manchas de las paredes, borrando cualquier rastro de que esta fuera mi casa.
Y todavía hasta el lunes sigo aquí, pero desde hace algún tiempo no me siento ni aquí ni allí, sino en un limbo lleno de papeleos, kilos y euros, inquilinos y caseros...que me han mantenido lo suficientemente ocupado como para pensar en lo que de verdad está pasando. Así que hoy que termino (esperemos) de preparar todo, y sólo queda ya despedirse y disfrutar de los últimos días, inaguró mi temporada de pajas mentales que Dios sabe hasta cuando durará...
Y sí, lloraré como una madalena el día de la despedida como he llorado en todas mis últimas despedidas, y me emocionaré cuando se despida de mi gente con la que apenas he tratado, y el último día todo lo que vea me parecerá precioso y pensaré en chorradas como "...la última vez que veo el cubo de basura del restaurante italiano de al lado de casa...snif". Pero es que las cosas son así, y si no te emocionas como una niña de trece años al ver a, pongamos, David Bisbal, el día que te vas, es que macho, que has estado haciendo aquí, ¿viendo nevar?
Y lo voy a dejar aquí, que ya veo nublado, y todavía tengo que bajar la basura y llenar el suelo de papel de periódico. Estos días no he escrito porque la mayoría de mis posts habrían sonado tan ñoños como este, pero ya se acabó, soltemos todos la lagrimilla.